La especialista Nicole Vignola sostiene que la dificultad para modificar rutinas no radica únicamente en la voluntad, sino en que los hábitos están profundamente arraigados en la identidad del individuo. Según su análisis, para alterar un patrón automático, es imperativo transformar la idea que la persona tiene sobre sí misma.
Asimismo, la neurocientífica advierte sobre los riesgos de la era digital. La hiperestimulación constante a la que estamos expuestos fragmenta la atención y dificulta la consolidación de nuevos procesos cognitivos, creando un ciclo de gratificación instantánea que refuerza conductas automáticas poco saludables.
Finalmente, el estudio destaca que la identidad se construye a partir de estos patrones repetitivos. Por lo tanto, el camino hacia una mejora personal implica un trabajo consciente sobre la autopercepción para lograr que los nuevos hábitos se integren de manera orgánica en la estructura mental del sujeto.
Fuente: La Nación










