- La confianza se erosiona cuando la sospecha domina la percepción pública.
- Probar la falsedad de una afirmación no garantiza que la gente la acepte.
- Las redes sociales y la desinformación amplifican la brecha entre hechos y creencias.
En la era digital, la velocidad con que se difunden rumores puede superar la rapidez con que se corrigen. Cuando la duda se instala, la gente tiende a aferrarse a sus prejuicios y a la narrativa que mejor se alinea con sus expectativas, incluso cuando se presentan pruebas contundentes de lo contrario.
Este fenómeno tiene consecuencias profundas en la esfera pública: desde la polarización política hasta la pérdida de confianza en instituciones y medios de comunicación. La credibilidad de las fuentes se ve cuestionada y la ciudadanía se enfrenta a un entorno donde la verdad se percibe como un lujo.
Para contrarrestar este efecto, se requieren estrategias que combinen alfabetización mediática, transparencia institucional y el uso responsable de las plataformas digitales. Sólo así se podrá reconstruir la confianza y garantizar que la verdad tenga la oportunidad de ser escuchada y aceptada.
Fuente: Cronista










