- Se debe superar la falsa dicotomía entre orden y derechos.
- La garantía de la libre circulación es un deber fundamental del Estado.
- Es esencial encontrar un equilibrio entre la seguridad y las libertades individuales.
En los últimos tiempos, el debate sobre la libertad de movimiento y el orden público ha cobrado una relevancia significativa. La sociedad se enfrenta a la ilusión de que es necesario escoger entre mantener el orden o proteger los derechos individuales. Este dilema no solo es engañoso, sino que también socava los principios democráticos que deben regir nuestra convivencia.
La libre circulación es un derecho básico que debe ser garantizado por el Estado. Abandonar esta falsa dicotomía permitirá avanzar hacia un modelo donde los derechos de las personas no se vean sacrificados en el altar de la seguridad. Esto implica que las autoridades deben encontrar mecanismos que aseguren la protección de la sociedad sin vulnerar las libertades fundamentales.
Es hora de que el país asuma un compromiso firme por equilibrar el orden y los derechos. Implementar políticas públicas que fomenten la convivencia pacífica, sin descuidar la importancia de las libertades individuales, es una responsabilidad ineludible del Estado. La calle es de todos y su acceso debe ser garantizado para el bienestar colectivo.
Fuente: La Nación









