- Dejarse llevar por la realidad.
- Disfrutar de la tranquilidad del mar.
- Valorar el silencio como un refugio.
Las vacaciones pueden ser el momento ideal para desconectar de las presiones cotidianas. La clave está en aprender a fluir con lo que la vida nos ofrece, dejando de lado las expectativas y permitiéndonos simplemente ser.
Mirar al mar, sentir la brisa y disfrutar de la calma son actividades que alimentan el alma. Es un momento propicio para conectar con nosotros mismos y con el entorno, dejando que el silencio nos envuelva y nos relaje.
Así que esta temporada, recuerda: el arte de no hacer nada es esencial para recargar energías y disfrutar del presente. No se trata solo de cambiar de lugar, sino de cambiar nuestra percepción sobre el tiempo libre.
Fuente: La Nación









