- La Reina Victoria decide usar cloroformo para dar a luz a su octavo hijo.
- Esta decisión marca el inicio de la anestesia obstétrica en Inglaterra.
- El evento refleja la tensión entre tradición monárquica y avances médicos.
En la primera mitad del siglo XIX, el parto era una experiencia dolorosa y peligrosa, considerada una “maldición bíblica” que pocos se atrevían a enfrentar. La monarca británica, al buscar una alternativa para su octavo hijo, optó por el cloroformo, un anestésico recién descubierto que prometía alivio.
La decisión de Victoria fue audaz y polémica, pues el uso de anestésicos en el parto aún estaba en sus inicios y enfrentaba resistencia tanto de la aristocracia como de la comunidad médica. Sin embargo, su elección sentó un precedente que cambió la práctica obstétrica en todo el imperio.
Con el cloroformo, la Reina Victoria no solo aliviaba su propio dolor, sino que también abrió la puerta a la adopción masiva de anestesia en el parto, reduciendo el riesgo de complicaciones y marcando un hito en la historia de la medicina y la sociedad británica.
Fuente: La Nación









