A partir de los 40 años, realizarse una mamografía de forma periódica resulta fundamental para la prevención del cáncer de mama. Este estudio permite observar el tejido mamario mediante imágenes y detectar anomalías en etapas tempranas, cuando todavía no se manifiestan como un bulto palpable.
La diferencia entre este tipo de control y la exploración manual es importante: el tacto puede no revelar lesiones pequeñas o profundas. La mamografía complementa los exámenes físicos y ofrece información más detallada sobre la presencia de alteraciones que requieren seguimiento.
Según explicó Jorge Tartaglione, los resultados de estos controles permiten evaluar la ubicación y las características de las lesiones, además de orientar la realización de estudios adicionales o la adopción de un tratamiento. Por eso, los chequeos regulares son una herramienta esencial para abordar el cáncer de mama a tiempo.
Fuente: La Nación










